Cuando en 2006 la sociedad comenzó a palpar la inflación en la góndolas, rápidamente recordó momentos poco gratos de un tiempo en que la Argentina comenzaba una de sus crisis más fuertes, allá por 1987 y que terminó con “la estabilidad” económica (y fuerte flexibilidad social) de 1991. Fue así que puso en marcha un rápido repertorio de medidas que estuvo destinado a sanear las economías domésticas para que una nueva crisis económica no pusiera en riesgo lo logrado en este último tiempo, como ocurrió en 2001/2002 que imprevistamente se cayó todo. La puesta en marcha de aquella memoria colectiva tuvo su impacto en la economía, y muchos indicadores de consumo se retrajeron.
También quedó claramente expresado en la saga de nivel de endeudamiento que Delfos y Punto a Punto reproducen desde el año 2000. En este sentido, hasta el 2002 casi el 60 por ciento de la sociedad estaba endeudada; entre el 2003 y el 2006 la sociedad pagó sus cuentas y mantuvo un nivel de compromisos que le permitió financiar la recuperación y la nueva expansión, pero a partir de 2007 claramente se observa cómo los cordobeses ajustaron sus cuentas y se prepararon para lo peor.
El dato sobresaliente quizá es que en 2009 la sociedad volvió a endeudarse, pero ya no para financiar su progreso, sino para paliar deudas y gastos corrientes. Vuelven a crecer saldos pendientes con tarjetas, con bancos, con el Estado y con prestamistas. De hecho, el 34 por ciento de los cordobeses confiesa que lo que gana no le alcanza para vivir, y el 55 por ciento dijo que sus ingresos le permiten pagar sólo los costos de su familia. Si bien este panorama es similar al año pasado, cuando se comenzó a registrar un incremento en la cantidad de familias con problemas económicos para pagar sus costos, también es igual a 1999, el año previo al inicio de la caída libre.
Hoy la sociedad se enfrenta a un escenario económico donde la mayor porción manifiesta la imposibilidad ya no de crecer sino de mantenerse, donde las condiciones actuales no posibilitan que se sienta tranquila o por lo menos se relaje un poco y donde mantener lo logrado al momento exige ya no el doble, sino mucho esfuerzo extra.
A esto se suma que el futuro a corto plazo no muestra alternativas concretas que permitan entrever que lo que se viene puede ser, aunque más no sea, un poco mejor de lo que se siente actualmente. Este panorama devuelve una expectativa absolutamente moderada, con consumidores que son muy racionales, que pondrán todo su esfuerzo en administrar las economías domésticas para tratar de detener o demorar el deterioro económico.
Es la política
De todas maneras, las sucesivas crisis económicas dejaron en los argentinos un repertorio de medidas y aprendizaje que le permite a la sociedad enfrentar la incertidumbre con experiencia, con información, con alternativas.
Por este motivo, los problemas económicos impactan en el humor social pero hoy no son el principal motivo del desconcierto social: es la política que se expresa en una generalizada conflictividad social y un sistema en el que gobiernan los que perdieron, y los que ganaron, pierden un poco todos los días.
Este es el desconcierto que hoy la sociedad no puede manejar, porque no está en sus manos y es lo que realmente genera una fuerte sensación de inestabilidad provocando en el mejor de los casos preocupación y, en el peor de los casos, impotencia y resignación frente a un futuro que se avizora en blanco, sin opciones y sin certezas.
Luis Dall’Aglio
Director de Delfos
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